Dos curas pipistrélicos
1) Apostasía
La celebrity formerly known as Padre Alberto ha abandonado la Iglesia Católica, a la que al parecer pertenecía.
Como dijimos en nuestra Meditación Sacristanesca anterior, no era un simple traspiés, un pecado engendrado por una atroz debilidad; sino un problema doctrinal. Nos citamos:
"[No fue] sino un calculado statement ideológico para revelar un estado que ya llevaba casi diez años. La joya neoconservadora miamiense cayó en el pozo del liberalismo descarado. Nadie sabe para quién trabaja ¿Quién animará ahora los eventos especiales de EWTN junto con don Alejandro?
Cuidado, que esa Silla está Maldita."
Parafraseando a Erasmo -refiriéndose a otro cura
pipistrélico- la
empresa de Cutié, que parecía tragedia por los lloros y "desgarramientos", resultó siendo comedia, porque acabará en casorio. El señor
Leo Frade, "jefe de la diócesis [episcopaliana] del Sudeste de Florida", dijo que Cutié
"se había acercado a la Iglesia Episcopal meses antes de aparecer junto a su novia en una revista, y lo hizo, según Frade, porque se había dado cuenta de que había empezado a pensar como un episcopaliano".¿Hay por casualidad Emmy al caradurismo?
Nuevamente nos reafirmamos en aquello de nadie sabe para quién trabaja. Mientras se atiborraba de apologéticas, mientras decía a los televidentes, con faja, capa y sotana: ¡Bienvenidos a Roma! ¡Bienvenidos al Corazón de la Iglesia! ya el gusano que royó a Enrique VIII, empezaba rondarlo.
Y a dónde ha ido a parar, el buen Alberto... A una carcasa vacía donde todos salen y todos entran, en absoluto proceso de descomposición...
En el futuro -hagamos de Oráculos Sibilinos- Alberto tendrá dos posibilidades, (1) producido el divorcio con doña Ruhama y metido en esa extraña mezcla entre el desierto de Atacama y la Love Parade berlinesa que es el episcopalismo, acabará volviendo penitente a la Iglesia cuando los achaques físicos y los remordimientos espirituales terminen venciendo su Soberbia, o (2) producido el divorcio con doña Ruhama y metido en esa extraña mezcla entre el desierto de Atacama y la Love Parade berlinesa, acabará convertido en una estrella intermitente de Reality Shows, donde hará de clergyman en decadencia, compitiendo con Verne Troyer y New York por un cuarto de millón de dólares, a punta de cachascán y manducación de insectos.
Dios no lo quiera.
2) Lars von Trier o la Demencia como Montaña Rusa
En algún momento tuvimos la idea, ingenua hasta el extremo, de considerar que don Lars von Trier podría restaurar en determinado momento del futuro, algo de ese viejo cine cristiano europeo, que en tiempos más felices para la Iglesia y el Arte, expresaba con belleza sugerente los Misterios y las Pasiones de la Fe.
Hijo perfecto de la Europa secularizada, obscena y nihilista (sus padres eran comunisto-nudistas o nudo-comunistas) se convirtió al Catolicismo en 1995 (alguien me dirá, ¿pero a qué catolicismo? Y yo les responderé que en esos sitios, siquiera que lo dejen convertirse presupone que algo de ortodoxia habrá por allí), como una manera de romper con su familia. Excéntrico y demencial, siguió asociado durante un tiempo después a un estudio de producción pornográfico y demás desaciertos tan propios de esos países nórdicos en decadencia espiritual.
Pero la Esperanza era lo último que se pierde. Y la pureza visual de Dancer in the Dark podría ser usada para algo mejor, algo maravilloso, que destaque en medio de los ruidos y las farsas de los medios.
Cuando me enteré que en la última edición del Festival de Cannes, Von Trier había respondido a las abrumadoras y casi unánimes críticas, aduciendo que Anticristo -su última y bombardeada película- le había sido inspirada por Dios, pensé que se trataría seguramente de algún oscuro y extraño manifiesto cinematográfico sobre la presencia del Mal, que la Mirada Progresista de los Críticos no había podido comprender y que incluso, si lo comprendía, habría de reaccionar con furia ante un ataque al Padre de la Mentira (que es el Padre del Progresismo, también).
Pero resulta que según todos los reseñistas, Anticristo es una especie de seguidilla irrisoria de escenas sexuales atroces, torturas, muerte y sangres, todo granguiñolescamente explícito. O sea, casi como algunos pasajes de las novelas de don Mario Vargas Llosa.
Y fíjense: eso es lo que hace Lars cuando Dios lo inspira. Qué será cuando lo inspira el Diablo.
En fin. Una bajadita más en la gigantesca Montaña Rusa estilo Bauhaus que es la demencia de Lars Von Trier.
3) El derrumbe de la General Motors
Hoy se anunció que la General Motors, aquella institución representativa del apogeo de Estados Unidos en el siglo XX, ha entrado en bancarrota.
Ahora estamos viendo cosas que hace un par de años eran inimaginables. Y veremos más.
No está demás rezar, tampoco, rezar mucho por las gentes confundidas y atacadas por estas Crisis Económicas inéditas y también por la Nación Peruana, que se aproxima con la ingenuidad de los recién llegados, al mundo de la especulación, la codicia, las crisis cíclicas y el-que-no-corre-vuela.
(P.S.: El trabajo me impide actualizar la bitácora como quisiera, pero haremos algunos esfuerzos estos días. Vale)