
Hoy es el cumpleaños de nuestro admirado Santo Padre Benedicto XVI, verdadera bendición para la Iglesia y signo viviente de la asistencia del Espíritu Santo a la Iglesia. Y como no es el siervo mayor que su señor, pasa este onomástico acechado por el odio de sus enemigos, de aquellos poderes secretos que han decretado su muerte mediática.
Dios lo protege más que nunca. ¡Que sepa fortalecerlo especialmente ante las pruebas en este día! Porque cuando las estupideces son tan simiescas y se repiten tanto, cansa rebatirlas siquiera.
P.S.: No os preocupéis, nobles lectores. El Sacristán ha de volver, llamado a la acción blogguística ante la invasión de la Hidra de la Estulticia.
